Associació Catalana per a la Integració del Cec

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Xerrada d’en Pedro Zurita

Introducción

Me siento hoy muy complacido de poder hablar durante unos minutos con vosotros. Me gustaría que la ONCE fuese lo suficientemente abierta en sus planteamientos para que no hiciese necesario que surjan asociaciones como la vuestra. Estoy seguro de que vosotros sois totalmente conscientes de la conveniencia de que un grupo pequeño, como afortunadamente es el de los ciegos en España, no disperse demasiado su voz.

En términos cuantitativos, la mayoría de las personas con discapacidad visual no están en la franja de edad laboral. El aumento de la esperanza de vida conlleva el hecho de que el mayor número de personas con problemas graves de visión deba situarse en el período de vida posterior a la jubilación, esto es, después de los 65 años. En efecto, gracias fundamentalmente a los progresos de la medicina, las personas alcanzan edades muy avanzadas y es muy común que surjan en ese tiempo vital fragilidades en su salud. Una disminución visual importante constituye uno de los corolarios casi inevitables del proceso de envejecimiento. Lo más probable es que entonces esas personas no lleven a cabo una vida formal de trabajo.

El porcentaje de personas ciegas desempleadas en la franja de edad laboral es muy elevado en casi todas partes. En las últimas semanas, he podido comprobar que en los mejores casos, como Estados Unidos y Japón, la cifra de personas del grupo que nos ocupa que están efectivamente empleadas no supera el treinta y tres por ciento. El caso español representa una positiva excepción en este sentido. Hace unos años, en la Unión Soviética y en otros países con economía de planificación estatal gracias a sus empresas mixtas en las que, al menos el cincuenta por ciento, tenían que tener discapacidades visuales graves llegaban sobre el papel al pleno empleo. La transición a un sistema económico regido fundamentalmente por el mercado ha conducido a esas realidades de empleo a una estrepitosa bancarrota. Un número elevadísimo de personas con discapacidad visual han de vivir allí con pensiones muy insuficientes dentro de la nueva realidad económica de sus respectivos países. Quedé extrañadísimo cuando hace unos días una fuente muy fiable me facilitaba la cifra de 1432 personas con problemas visuales graves empleadas en la inmensa Rusia. Ahora, quedan únicamente 753 ciegos trabajando en empresas de la Asociación Panrusa de Ciegos, mientras que antes exhibían a varias decenas de miles.

Sin embargo, la mayoría de las personas afectadas de problemas graves de visión pueden y deben trabajar.

Panorama mundial

Si contemplamos las posibilidades de empleo reales desde una perspectiva mundial no nos faltan motivos para ser optimistas. En efecto, vemos a personas con discapacidad visual en distintas partes del mundo desempeñando una gama muy amplia de actividades laborales.
Hay personas con discapacidad visual grave que son o han sido ministros (Reino Unido, República Dominicana, Níger, Zambia, Lesotho...)o parlamentarios (españa, Italia, Reino Unido, Japón, Tailandia, Túnez...) en países en desarrollo e industrializados. En el Reino Unido se designó hace dos años a un ciego total como miembro de la cámara de los lores. Encontramos a otros que ocupan o han ocupado puestos altos en la diplomacia en países tan diferentes como los EE UU, Alemania, Panamá y Costa Rica.

Personas ciegas dotadas de la preparación y capacidad adecuadas trabajan como intérpretes y traductores. En muchos países, tenemos a personas con discapacidad visual que se ganan la vida en un amplio abanico de puestos y niveles en la gestión de empresas. No faltan incluso los que dirigen negocios de diverso tipo.

Son numerosos los que en muchas partes desempeñan con éxito actividades profesionales relacionadas con el derecho. En Alemania, por ejemplo, se logró el acceso a la profesión de jueces de cierto tipo o técnico de la administración civil. Hace no muchos años, una persona ciega jurista fue designado como miembro del tribunal constitucional en Suráfrica. Se designó también a otra persona ciega muy competente como miembro del tribunal supremo de Inglaterra.

En Italia, en la India y en otros países, hay personas con discapacidad visual grave que enseñan en escuelas secundarias para todos y en universidades. El caso italiano era hasta hace unos años muy alentador. Llegó a haber más de mil ciegos como docentes en las escuelas regulares. sin embargo, en los últimos años debido a la crisis general de la docencia en las escuelas públicas y a otros factores su número es ahora mucho más pequeño.

No es en absoluto sorprendente encontrar a personas ciegas o con baja visión como masajistas, tanto en Occidente como en Oriente. Otros son fisioterapeutas o trabajan incluso en otras ramas de la Medicina,. Sé, por ejemplo, de la existencia de psiquiatras ciegos en España, Francia, EE UU y Japón.

Hasta ahora en muchos países, sobre todo en Italia, la profesión de telefonista era una de las actividades en las que podemos encontrar a un gran número de personas ciegas o con baja visión. Sin embargo, la introducción de nuevas tecnologías, el creciente uso del correo electrónico y una nueva organización de los sistemas de comunicación están cambiando de forma significativa el perfil de esta ocupación. Muchos puestos se suprimen o ahora Son necesarias habilidades nuevas en las que es preciso utilizar eficazmente el teléfono y el ordenador.

Pese a las dificultades de seguir los progresos vertiginosos en la Informática, se logra a menudo formar y emplear a personas con discapacidad visual grave en actividades que impliquen el uso efectivo del ordenador, incluídos los analistas de sistema y los programadores de diferentes niveles.

Muchos piensan erróneamente que la ceguera y la aptitud musical forman una ecuación perfecta. Si esta hipótesis fuese cierta, las personas ciegas seríamos sin casi excepciones músicos excelentes. Sin embargo, sí es cierto que la música presenta menos obstáculos a franquear cuando las personas ciegas o con baja visión dotadas de aptitudes musicales reales emprenden una formación profesional en este campo o se proponen desempeñar en él una actividad profesional. En Japón, por ejemplo, el violinista ciego Takayoshi Wanami ha desarrollado una brillante carrera en su país y en Europa y tiene varios CDs junto a prestigiosas orquestas. Todos conocen el caso de los Estadounidenses Ray Charles, Stevie Wonder, el puertorriqueño José Feliciano, el italiano Andrea Bocelli, los españoles Tete Montoliú, Serafín Zubiri, Ignasi Terrasa, el francés Gilbert Montagné, etc. Hay ciegos que trabajan como profesores de música y en algunos países otros se ganan la vida como afinadores de piano.

Hubo un tiempo en que eran legión los que trabajaban en la industria en el manejo de máquinas herramienta, incluso cuando esos instrumentos se digitalizaron, pero su número ahora es menor.

A menudo afirmamos que la mayoría de las personas ciegas viven en las zonas rurales de los países en vías de desarrollo. Es alentador saber que muchos de ellos trabajan con éxito como agricultores y ganaderos.

La imperiosidad de nuevos enfoques
Es muy aceptable que utilicemos inteligencia e imaginación para encontrar estrategias a fin de que las personas ciegas o con baja visión trabajen en todo aquello en que no sea esencial el uso de la vista. Sin embargo, no debemos ocultar el hecho de que ahora en todo el mundo el progreso de la medicina consigue salvar muchas vidas en enfermedades en las que antes se perecía, pero que eso contribuye a que haya personas con una multiplicidad de discapacidades, físicas o mentales, que sólo tienen acceso a un empleo protegido. Es halagüeño constatar que en esas condiciones muchos desempeñan un trabajo muy útil. En cualquier caso, vale mucho más la pena que la gente haga algo en lugar de permanecer ociosa.

Tradicionalmente, hemos pensado, y, por tanto, actuado como si hubiese actividades profesionales que se adecuaban muy favorablemente a ser desempeñadas por personas ciegas o con baja visión. Así pues, en muchos países se ha formado y después se les ha ayudado a encontrar un empleo en un número muy restringido de ocupaciones. Ejemplos elocuentes son los masajistas y acupunturistas en Japón, los telefonistas en Italia y los vendedores del Cupón de la ONCE en España.

Aún cuando no es tarea nada sencilla modificar actitudes profundamente enraizadas en la mente de la gente, hemos de esforzarnos por admitir el hecho de que las personas ciegas y con baja visión poseen un abanico muy amplio de capacidades en potencia y que sus campos de interés son muy variados. El enfoque vigente en la actualidad, que tenemos que erradicar, es justamente el opuesto: la convicción de que las personas ciegas son sólo aptas para desempeñar determinadas profesiones.

Hemos de hacer cuanto nos sea posible para transformar la idea errónea que la gente tiene acerca de la ceguera o la disminución visual grave. El impacto de esas realidades es muy distinto en cada persona, en función de la constelación de factores que configuran su vida. A la hora de fomentar la elección de carreras universitarias en algunos países se favorece la dedicación a estudios de letras en detrimento de las matemáticas y las ciencias. En cambio, en Rusia se los ha orientado hacia la Matemática y la Física pura, y algunos ciegos han alcanzado niveles altos en estas ramas del saber, incluso hasta llegar a ser miembros de la Academia de Ciencias. En Alemania, los ciegos demostraron en la práctica su aptitud para profesiones jurídicas, incluida la ocupación de puestos técnicos en la administración pública, pero se admitía que los ciegos y las personas con baja visión eran aptos para enseñar únicamente en las escuelas especiales, no en los centros de enseñanza general... En Italia, se sostenía una teoría y práctica justamente opuesta a ésa. Hasta hace no mucho tiempo, allí legalmente los ciegos no podían acceder a los cargos de dirección en las administraciones públicas. Ahora, las trabas legales para acceder a esos puestos ya no existen, pero son pocos los que en efecto trabajan en esas ocupaciones.

Tenemos que bregar sin descanso en todas partes para eliminar prejuicios y abatir barreras y hemos de procurar que los únicos obstáculos a vencer sean las realidades estrictamente objetivas que nos impiden realizar una tarea determinada.


Los ciegos en España
Hemos de admitir que España es una excepción alentadora en el campo de los servicios para ciegos, incluido el empleo. Gracias a los empleos que genera la venta del cupón, ahora con una pluralidad de variantes, la reserva de puestos de trabajo en la amplia estructura administrativa de la ONCE, en su corporación empresarial en las compañías que posee o en las que es el accionista mayoritario, en la Fundación ONCE para la Cooperación e Integración Social de Personas con Discapacidad y en las empresas que están bajo el paraguas de ésta última, las cifras proporcionales de empleo de personas con discapacidad visual en edad laboral son prácticamente iguales que las de la población española general. Naturalmente, aquí también hay personas con discapacidad visual que trabajan en el mercado abierto.

En España la fuerza de la ONCE como organismo que se ocupa de todas las cosas relacionadas con los ciegos ha tenido la consecuencia no del todo deseable de transmitir a la sociedad la idea de que ella debe ocuparse de la vida de sus beneficiarios desde la cuna a la tumba. En el decreto fundacional de 1938 hay mucho idealismo positivo en cuanto a la inclusión potencial en la sociedad de las personas ciegas y el Cupón se considera sólo un remedio transitorio para proporcionar una ocupación a los que no puedan formarse en otra actividad profesional. El modelo español ha tenido tanto éxito en muchos aspectos, incluida la emancipación económica y social de las personas ciegas, que la ONCE sin proponérselo se ha convertido en un recinto simbólico que tiende a resguardar a los ciegos en su seno en lugar de ser una catapulta para que nos incluyamos en la comunidad general también en lo laboral. En el gran paso adelante que supuso la democratización de estructuras y objetivos de 1982 hubo de nuevo un gran auge de idealismo de inclusión social. No obstante, el éxito en determinadas estrategias económicas con remuneraciones y funciones muy golosas hizo una vez más que la gente no se sintiese motivada lo suficiente para emprender caminos laborales en el mercado abierto. Afortunadamente, algunos sí lo procuraron conquistar con éxito.

En estos ultimísimos años vivimos realidades nuevas. En lo escolar se fomenta con ahínco la inclusión social y la ONCE ya no es en lo económico en general y en la oferta de trabajo en particular la gallina de los huevos de oro. Tenemos ante nosotros un reto fenomenal que ojalá sepamos convertir en una oportunidad de inclusión laboral y vital.

Algunos apuntes sobre la realidad en otros países

Es cierto que la proporción de ciegos en edad laboral que trabajan efectivamente no supera el tercio de la población de ciegos en edad laboral. Sin embargo, en todas partes las cosas se mueven, aunque las nuevas realidades económicas modifiquen muchas cosas. Existe un esfuerzo por conocer los datos del empleo de los ciegos en profundidad, pero la tarea no es sencilla, pues hay una indisimulada tendencia a meter a los discapacitados visuales en el cesto de los discapacitados en general o dentro de los denominados discapacitados sensoriales. Por otra parte, las definiciones y criterios que se emplean no son unívocos. Hace pocos años causó casi escándalo cuando los británicos airearon una cifra de personas con problemas visuales graves en el Reino Unido cercana a los dos millones, pero ellos ya advirtieron que una inmensa mayoría de éstos eran señoras con un pequeño resto visual mayores de setenta y cinco años. En España el Instituto nacional de Estadística presenta la cifra de más de un millón de personas con dificultades graves de visión. Hace pocas semanas los rusos me hicieron llegar como cifra global de discapacitados visuales en su país 206.944, los alemanes 645.000 y para la pequeña Suecia, 61,550. Está, sin embargo, demostrado, que en los países industrializados el número real de personas afectadas por problemas visuales graves es más o menos el mismo en todos.
En varios países hay leyes que exigen una cuota de empleo obligatoria de personas con discapacidad y en Italia lograron la adopción de legislación específica reguladora del empleo preferencial obligatorio de personas ciegas en determinadas profesiones (telefonía y masaje) y del acceso a la carrera docente en las escuelas secundarias para todos. En Francia tienen establecido por ley que los empresarios que no emplean a la proporción obligatoria de personas con discapacidad han de pagar una multa considerable para un fondo especial destinado al acondicionamiento sin coste para el interesado de puestos de trabajo con el material necesario. En Alemania existen ocho centros específicos de formación profesional y han tenido gran éxito en el empleo de ciegos en ciertas ocupaciones como jueces de determinado tipo y técnicos de la administración del Estado. En el Reino Unido se forma y coloca a personas con discapacidades visuales en una gama de actividades mayor que en otros países europeos. Hace unos años visité un centro de rehabilitación ocupacional de ciegos y personas con disminución visual grave en Loughborough que estaba inserto dentro de un centro de formación profesional para todos. Los estudiantes con problemas visuales podían combinar su asistencia a clases en los dos establecimientos.

En Estados Unidos hay más flexibilidad que en otras partes en los terrenos educativo, de formación profesional y de empleo real. No es de extrañar que ellos hayan iniciado en los 50 y sesenta del siglo XX la enseñanza inclusiva. En lo laboral las personas que son objeto de esta comunicación acceden, sobre todo en los niveles medio y superior, a un abanico de carreras más amplio que en ninguna otra parte.

Conclusión

La consecución de una sociedad para todos es una utopía digna de movernos a caminar hacia ella. La senda a recorrer no es sencilla, pero hay que hacerla. No estamos precisamente en el punto cero. ¡Ánimo!

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